Casiana Muñoz Tuñón (Córdoba, 1960) es doctora en Ciencias Físicas, profesora de la Universidad de La Laguna y directora de grupo de investigación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), institución de la que también fue subdirectora en el periodo 2018-2024. Su trabajo de investigación se centra en la física de la formación estelar violenta de las galaxias. Lidera, además, el Grupo de Calidad del Cielo, cuyo trabajo ha sido fundamental para convertir al IAC en uno de los mejores centros de astrofísica del mundo. En 2025 recibió la Medalla de Andalucía de la Investigación, la Ciencia y la Salud.
Los planisferios del profesor Garrido HidalgoSon ejemplo de la dedicación de este docente y estudioso. Son obras de arte llenas de historia, investigación, deseo de divulgar el conocimiento y un profundo altruismo; a las que dedicó una parte importante de su vida. Estas cualidades hacen que este año conmemoremos el centenario del fallecimiento del profesor Garrido Hidalgo, que impartió clases en dos de los institutos más emblemáticos de nuestra provincia: el IES Luis de Góngora, en la plaza de Las Tendillas, en Córdoba capital, y el IES Aguilar Eslava, en Cabra. En ambos dejó «cielos pintados» en dos de sus aulas.
El planisferio es una representación plana del cielo o de la Tierra. El planisferio terrestre es un mapa del mundo con continentes y océanos. El celeste es la proyección del cielo en un disco. Sirven para ubicar lugares o estrellas sobre un plano. Ambos han guiado a navegantes en aventuras épicas y a veces muy peligrosas.
Los planisferios existen desde hace más de 2.000 años. Los primeros intentos de representar la tierra o el cielo de forma plana se remontan a los babilonios, los egipcios y los griegos. Con el tiempo fueron mejorando y en la Edad Media y Renacimiento se desarrollaron planisferios celestes más precisos, que estaban impresos en madera o papel, y que permitían localizar estrellas y constelaciones según la fecha y hora.
El planisferio más emblemático es, sin duda, el que se publica en el ‘Almagesto’, la exhaustiva obra de Ptolomeo de 13 volúmenes. El ‘Almagesto’ es un compendio del saber donde Claudio Ptolomeo (Ptolemaida Hermia, 100 - Alejandría, 170), astrónomo, matemático y geógrafo, vierte sus vastos conocimientos. La obra tiene un título original en griego, que se traduciría como «composición matemática». En su planisferio el cielo se muestra siguiendo el modelo geocéntrico, la tierra ocupa el centro de sus mapas. La teoría geocéntrica fue la referencia en nuestra cosmovisión hasta Nicolás Copérnico, que estableció el modelo heliocéntrico 14 siglos después.
Yo soy antigua alumna del Góngora, de cuando era todavía un instituto femenino, donde estudié durante siete años, empezando primero de Bachillerato y continuando hasta el COU. Los que vinieron justo después de mi promoción ya no disfrutaron de tantos años en este precioso edificio. Había comenzado el BUP.
En una visita reciente al que considero mi centro pude ver el planisferio. Está pintado en lo que hoy es la sala de música. ¿Que vemos en el planisferio del profesor Garrido Hidalgo? Sigo la guía que el autor dibuja con preciosa caligrafía: una gran banda lechosa, nuestra galaxia, la Vía Láctea, estrellas con diferente número de puntas según su brillo, estrellas con diferentes colores, para identificarlas mejor. Constelaciones, para guiarnos. También manchas y nebulosas... que hoy sabemos que son estrellas, galaxias y nubes de gas.
Fue Edwin Hubble, en un artículo titulado «Extragalactic nebulae» publicado en el ‘Astrophysical Journal’ en 1926, quien demostró que muchos objetos que se creían nubes de gas y polvo de nuestra galaxia en realidad eran otras galaxias fuera de la nuestra. Este Hubble es el mismo que se hizo famoso por proponer la expansión del Universo. Midió que todos esos objetos se movían con una velocidad que era tanto mayor cuanto mayor era la distancia. Es la famosa Ley de Hubble, publicada en 1929. Las coincidencias en los descubrimientos son algo fascinante y más recientemente hemos sabido que una ley similar se comunicó en francés en 1927 por el matemático y sacerdote belga George Lemaître. Ahora, y en justicia, ya hablamos de la ley de Hubble-Lemaître.
El cielo es muy estático a los ojos de los humanos, que tenemos una historia y una vida muy cortos. Por eso nos creemos que las constelaciones tienen sentido físico, ríos de tinta explicando signos del zodiaco que determinan con quién nos entenderemos mejor según el mes en el que hayamos nacido. Pero realmente las constelaciones son simples alineaciones con formas más o menos sugerentes para los griegos, quienes les dieron nombre. Son estrellas de nuestra galaxia que aparecen juntas por casualidad. Las estrellas de la Osa Mayor, o de Capricornio, no están ligadas entre sí, y dentro de muchos años esas formas aparentes habrán cambiado.
Hay sin embargo algunos fenómenos en el cielo que sí cambian durante nuestra vida. Por ejemplo, las explosiones de supernova que, cuando suceden, convierten a la estrella en un objeto sumamente brillante, visible aún con la luz del sol. Una de las históricas, registrada por astrónomos chinos y de otros países, es la que dio lugar a la nebulosa del cangrejo. Se observó a simple vista en 1054 y duró semanas. Las estrellas que tienen varias veces la masa del Sol acaban explotando como supernovas. La energía producida en el núcleo gana a la atracción de la gravedad y la estrella ‘explota’ lanzando su material al espacio. Ese ciclo se repite desde el origen de los tiempos, el Big Bang, y ha ido llenando el universo de todos los materiales que pueblan la tabla periódica. El gran Carl Sagan decía «somos polvo de estrellas», y claro que lo somos. Sin el arduo y sempiterno trabajo de factoría química en el interior de las estrellas seguiríamos siendo un universo de puro hidrógeno.
Y, siguiendo con nuestro planisferio cordobés, los colores de las estrellas nos dicen su temperatura: azules más calientes, rojas más frías; mientras que el brillo tiene que ver con la masa. Estrellas más brillantes más masa, las menos masivas brillan menos. El Sol siempre es nuestro referente en la medida, tantas veces la masa del Sol, o tantas veces la luminosidad del Sol.
Después de los planisferios surgieron los planetarios modernos, que ya estaban ligados a la tecnología de proyección de luz y al avance de la óptica. En 1923 se inauguró el primero en Múnich, Alemania, el Zeiss Planetarium, usando proyectores de la empresa Carl Zeiss. Desde entonces, los planetarios se han extendido por todo el mundo, con cúpulas grandes y proyectores digitales. Fueron la moda del siglo XX. Ahora ya existen planetarios virtuales, accesibles desde ordenadores y móviles, que simulan el cielo de manera interactiva.
Entender el cielo es importante. Ciencia, cultura, conocimiento... contra la superstición. Sabemos que un gran cometa, el Chicxulub, impactó en la península de Yucatán creando un cráter de 150 km de ancho y acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. Los cometas y asteroides ya los ‘vemos venir’, y los eclipses los anticipamos y disfrutamos. Con el conocimiento y la ciencia, ‘los brujos’ han perdido su trabajo.
El legado del profesor Garrido es encomiable y bello, y por ello merece ser declarado Bien de Interés Cultural, como desde el IES Góngora y el Aguilar Eslava están proponiendo. Yo en este artículo me he limitado a complementar la información de una obra tan hermosamente pintada a principios del siglo XX.
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